EL JUEGO Y LAS APUESTAS

Todos los vicios se ocultan en un bosque de excusas.
El que se droga o el alcohólico dicen que es para poder soportar unas vidas lamentables, o para estar agresivos en las fiestas. El que fuma porque le tranquiliza, el que va con prostitutas porque su sexo normal es un desastre o no lo consigue…
Pero curiosamente el ludópata tiene como base el juego, que es una base correcta, pues es sin duda una actividad necesaria y positiva. Jugar (en adultos) es tan interesante y positivo como en niños.
Los juegos de mesa, los deportes (que son juegos si no se profesionalizan), las cartas, el billar o mil actividades lúdicas perfectamente sanas, son la base sobre la que se ha edificado la terrible degeneración de la apuesta con dinero.
Recuerdo en la juventud ver a la familia jugar a cartas con céntimos, de forma que todo se podía quedar en una peseta de pérdidas o ganancias. Y en modo alguno podemos llamar a eso algo vicioso, sino que simplemente era una forma de diversión familiar razonable, donde se deseaba pasar un rato agradable en compañía.
También era común en Navidades o alguna fiesta dada, en alguna sede social de clubs, casinos o asociaciones, que se jugase al bingo con premios tipo un jamón o turrones, donde ese juego era más motivo de diversión y charla que otra cosa.
Y la base es que el problema no es jugar con cantidades insignificantes de dinero, no es ese el problema de la ‘apuesta’ como vicio generalizado actual.
El alma del vicio está en la ambición de ganar, no por el juego, sino por la ganancia.
Hoy los anuncios de jugar a póquer no se basan en pasar un rato de juego en compañía, sino de ganar dinero. La ‘diversión’ es cumplir la ambición de ganar mucho dinero.
Hay un ejemplo de ‘juego’ cuyo objetivo ha sido siempre el deseo de dinero: la Lotería. Allí no se trata de ‘juego’ sino de apostar a ganar dinero, sin más. Y sin embargo es una actividad promocionada por el Estado y las administraciones, con propaganda masiva y que todo el mundo asume como ‘no viciosa’, pues si la apuesta es pequeña es poco dañina, pero en sí cuando reúne todas las características del vicio de la ludopatía: tratar de ganar dinero sin otro objetivo de distracción o juego como tal.
El juego de la ruleta o las máquinas tragaperras es otro ejemplo de apuesta sin juego, con el mero objetivo de ganar dinero, y mucho más peligrosas.
Cuando todas esas formas de juego-ambición se han legalizado y popularizado, no debe extrañarnos que se hayan traspasado al mundo de Internet. Nada de lo que hoy machacan continuamente con anuncios de apuestas, es algo nuevo. Todo existía ya en la realidad no virtual.
Incluso la mayoría de los llamados ‘deportes’ de masas, que son solo espectáculos-negocios, empresas, como el fútbol profesional, han sido siempre una base para las apuestas, primero las quinielas, y luego la mera apuesta pura en Internet.
Por tanto el problema de la masificación del vicio de la apuesta por Internet no es algo que deba sorprendernos, era inevitable una vez el consumidor se ha acostumbrado a ver legal y promocionalmente apoyado la apuesta por mera ambición económica sobre todo tipo de juegos, deportes, actividades, etc.
La apuesta profesional es simplemente una parte del Mercado libre, solo que además ha sido promocionada por el poder estatal con temas menos visiblemente ludópatas como la lotería o las quinielas, fuente segura de beneficios para el Estado.
Todas esas actividades de apuestas se basan en el deseo de ganar dinero sin trabajar, y contienen además un efecto ‘droga’ sobre la población trabajadora: se vende la esperanza de dejar la necesidad y soñar con ser rico.

Y mientras esa actividad solo tenga como defecto esa esperanza (casi siempre frustrada), como en las loterías o quinielas, el tema no sale de lo comprensible, aunque lamentable.
De la misma forma que fumar un poco de tabaco no es bueno (aunque aporte mucho dinero al Estado) pero tampoco es drogarse con cocaína, el jugar algo a la lotería no es lo mismo que gastarse el dinero de forma significativa en la ruleta o en apuestas por Internet.
Se habla de ludópatas, pero eso son casos extremos, enfermos, el problema es que mucha gente ‘normal’ gasta partes importantes de su dinero en apuestas por mera ambición.
Esa actividad no tiene nada de positivo, ni es un juego ni es una distracción, es solo ambición.
Es interesante observar que el propio Estado ha lanzado campañas muy duras contra el tabaco
(pese a los impuestos que aporta) porque los gastos por atención médica debidos al tabaco son superiores a los ingresos que aporta, no por motivos éticos. En cambio promociona absolutamente apuestas públicas porque dan ganancias y no comportan gastos posteriores, aunque éticamente sean poco defendibles.
Podemos esperar del Estado un mayor control de las apuestas, pero no por motivos de mejora ética sino para poder controlar mejor las ganancias de esas empresas y sacar buen fruto en impuestos sobre ellas.

La lucha contra el juego en Internet no debe basarse en el hecho de ser en Internet, sino que debería encuadrarse en una educación y combate general contra toda forma de ganar dinero sin esfuerzo ni trabajo. Si un día el pueblo comprende que el trabajo es la base de toda ganancia, que la usura, la especulación, están prohibidas y perseguidas, podrá entender al mismo tiempo el mal de la apuesta. Mientras las apuestas son la especulación de los que no pueden especular financieramente, son el vicio de los financieros traspasado al pueblo.

Ramón

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